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Criterios del DSM-5 para el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es una condición del neurodesarrollo caracterizada por un patrón persistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad que interfiere significativamente con el funcionamiento o el desarrollo. El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, quinta edición (DSM-5), establece criterios específicos para su diagnóstico, los cuales son ampliamente utilizados por profesionales de la salud mental.
Según el DSM-5, para que un individuo sea diagnosticado con TDAH, deben cumplirse los siguientes criterios generales:
1. Síntomas persistentes: Se deben presentar al menos seis síntomas de inatención y/o seis de hiperactividad-impulsividad durante un período mínimo de seis meses. En adolescentes mayores de 17 años y adultos, el umbral se reduce a cinco síntomas (Centers for Disease Control and Prevention, 2024).
2. Inicio temprano: Algunos síntomas deben haber estado presentes antes de los 12 años de edad.
3. Presencia en múltiples contextos: Los síntomas deben manifestarse en dos o más entornos (por ejemplo, en casa, en la escuela o en el trabajo).
4. Impacto funcional: Los síntomas deben interferir significativamente con el funcionamiento social, académico o laboral.
5. Exclusión de otros trastornos: Los síntomas no deben explicarse mejor por otro trastorno mental, como ansiedad, trastorno del estado de ánimo o trastorno de la personalidad.
El DSM-5 también clasifica el TDAH en tres presentaciones clínicas, dependiendo del predominio de los síntomas:
– Presentación predominantemente inatenta (TDAH-I)
– Presentación predominantemente hiperactiva-impulsiva (TDAH-HI)
– Presentación combinada (TDAH-C)
Además, el DSM-5 introdujo una clasificación por niveles de severidad (leve, moderado o grave) basada en la cantidad de síntomas y el grado de deterioro funcional (Children’s Hospital of Philadelphia Research Institute, 2020).
Estos criterios permiten una evaluación más precisa y adaptada a la evolución del trastorno a lo largo del ciclo vital. La identificación temprana y el diagnóstico adecuado son fundamentales para implementar intervenciones eficaces que mejoren la calidad de vida de las personas con TDAH.
Referencias
1. American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). Arlington, VA: American Psychiatric Publishing.
2. Centers for Disease Control and Prevention. (2024). Diagnosing ADHD. Recuperado de https://www.cdc.gov/adhd/diagnosis/index.html
3. Children’s Hospital of Philadelphia Research Institute. (2020). ADHD Diagnostic Criteria. Recuperado de https://www.research.chop.edu/sites/default/files/2020-12/ADHD_Diagnostic_Criteria.pdf
Casos en los que el Divalproato de Sodio es Particularmente Útil

El divalproato de sodio, una forma estabilizada del ácido valproico, es un medicamento ampliamente utilizado en neurología y psiquiatría por su eficacia en el tratamiento de diversas condiciones clínicas. Su mecanismo de acción se basa en el aumento de los niveles de ácido gamma-aminobutírico (GABA) en el cerebro, lo que contribuye a su efecto anticonvulsivo, estabilizador del ánimo y antimigrañoso1.
Uno de los usos más establecidos del divalproato es en el tratamiento de la epilepsia, especialmente en crisis generalizadas tónico-clónicas, crisis de ausencia y crisis parciales complejas. Es particularmente útil en pacientes que no responden adecuadamente a otros anticonvulsivantes o que presentan múltiples tipos de crisis1.
En el ámbito de la salud mental, el divalproato es un fármaco de primera línea para el trastorno bipolar tipo I, especialmente durante episodios maníacos agudos. También se ha demostrado eficaz como tratamiento de mantenimiento para prevenir recurrencias maníacas, y en algunos casos, depresivas2. Es especialmente útil en pacientes con ciclos rápidos o con comorbilidad de trastornos de conducta.
Otro uso clínico importante es en la profilaxis de migrañas, donde se ha mostrado efectivo en reducir la frecuencia e intensidad de los episodios. Aunque no es un tratamiento de primera elección para todos los pacientes migrañosos, puede ser una opción valiosa en aquellos con migrañas severas y frecuentes que no responden a otros tratamientos2. Sin embargo, el uso del divalproato debe ser cuidadosamente evaluado en mujeres en edad fértil debido a su potencial teratogénico. La exposición durante el embarazo, especialmente en el primer trimestre, se ha asociado con un mayor riesgo de malformaciones congénitas, como defectos del tubo neural, y con el síndrome fetal por valproato1. Por esta razón, su uso en mujeres embarazadas está contraindicado para la prevención de migrañas y debe considerarse solo si no hay alternativas más seguras para epilepsia o trastorno bipolar.
Referencias
Artículo publicado por Alberto E. Parra en el número 117 de la revista Salud y Corazón.
Epidemiología de la Epilepsia en Colombia

La epilepsia es una de las enfermedades neurológicas crónicas más prevalentes en el mundo, y Colombia no es la excepción. Se estima que, en el país, alrededor de 1 de cada 100 personas vive con epilepsia, lo que representa una carga significativa para el sistema de salud y para las familias afectadas1.
Según datos recientes de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la prevalencia de epilepsia activa en Colombia se sitúa entre 8 y 12 casos por cada 1.000 habitantes, con una mayor concentración en zonas rurales y poblaciones con acceso limitado a servicios de salud especializados1. Esta distribución desigual refleja las brechas en el diagnóstico y tratamiento oportuno, especialmente en comunidades vulnerables.
Uno de los principales desafíos en la atención de la epilepsia en Colombia es el subregistro de casos. Muchos pacientes no reciben un diagnóstico adecuado debido a la falta de neurólogos, estigmatización social y desconocimiento sobre la enfermedad. Además, se ha identificado que cerca del 30% de los pacientes diagnosticados no reciben tratamiento antiepiléptico adecuado, lo que incrementa el riesgo de complicaciones y deterioro en la calidad de vida2.
La Asociación Colombiana de Neurología y la Asociación de Epidemiología de Colombia (ASOCEPIC) han señalado la necesidad de fortalecer los programas de salud pública enfocados en la detección temprana, educación comunitaria y acceso equitativo a medicamentos esenciales2. En este sentido, se han promovido campañas de sensibilización y capacitación para profesionales de la salud en regiones apartadas. A nivel regional, Colombia ha participado en iniciativas lideradas por la Liga Internacional contra la Epilepsia (ILAE) y la Oficina Regional de la OMS, que buscan integrar la epilepsia en los planes nacionales de salud mental y enfermedades no transmisibles3. Estas estrategias apuntan a reducir el estigma, mejorar la cobertura de servicios y garantizar el acceso a tratamientos efectivos.
Referencias
1. Organización Panamericana de la Salud. (2025). Colombia: Boletín 2024. OPS/OMS. Recuperado de https://www.paho.org/es/documentos/colombia-boletin-2024 [1]
2. Asociación de Epidemiología de Colombia (ASOCEPIC). (2024). Boletines y comunicados sobre salud pública en Colombia. Recuperado de https://asocepic.org/ [2]
3. International Bureau for Epilepsy. (2024). Informe sobre la epilepsia en Latinoamérica. Recuperado de https://www.ibe-epilepsy.org/informe-sobre-la-epilepsia-en-latinoamerica/ [3]
Hambre Emocional ¿Por Qué la Tengo? ¿Cómo la Identifico?

Es cuando usamos la comida como respuesta a las emociones que nos desbordan, como la ansiedad, la tristeza, la ira o la soledad.1 En otras palabras, comer es el mecanismo que conoces para enfrentar tus emociones, pero, el problema no solo radica en que los alimentos que consumes suelen ser ricos en calorías, grasas o azúcares, sino que después de la sensación inicial de bienestar que te brindan, te das cuenta de que la emoción que te hace sentir mal ahora está acompañada de culpabilidad y te sumerges en el ciclo del hambre emocional.
La comida es una experiencia que está siempre presente en los acontecimientos importantes de la vida. Por ello, no es extraño que en ocasiones la usemos para aliviar el estrés o porque simplemente nos merecemos algo delicioso. Sin embargo, cuando hacemos esto, la elección de lo que comemos y su cantidad no siempre es adecuada, y es aquí donde entramos en los terrenos del hambre emocional.
A menudo, las personas que experimentan hambre emocional suelen tener dificultades para reconocer sus emociones y la sensación de hambre física. No obstante, esto no significa que el cerebro no pueda ser entrenado para identificar las situaciones en las que utilizamos la comida como nuestro principal mecanismo emocional de supervivencia.
Referencias
1. Vital S. El hambre emocional y su relación con el sobrepeso y la obesidad. Psic-Obesidad. 2020;10(37):18-26.
2. Taccone F, Wright B, Wilson C. Emotional Eating & How to Stop It. Christiana Institute of Advanced Surgery; 2019:1-6. 3. Hadi P. A Global Investigation of Emotional Eating, Hunger, and Fast Food Addiction – A Review. NeuroQuantology. 2023;21(5):1291-1299
Conoce un poco de historia de la HTA

Aunque los documentos sobre la hipertensión se remontan al año 2600 a.C., el primer autor que realizó un estudio exhaustivo sobre ella fue el clérigo inglés Stephen Hales en 1733. La primera descripción de la patología fue hecha por el científico inglés Thomas Young en 1808. Pero ya fue en el siglo XX, en 1925, cuando Otto Frank acuñó el término “hipertensión esencial” para describir una presión arterial que no tiene una causa específica.
Después de la Segunda Guerra Mundial, las compañías farmacéuticas comenzaron a investigar productos contra ella y en los años 70 se comenzaron a utilizar diuréticos con características hipotensoras.
Referencias
Artículo publicado por Alberto E. Parra en el número 117 de la revista Salud y Corazón.